El día 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, es fiesta de precepto en el calendario litúrgico, la Iglesia nos invita a participar en la Santa Misa para celebrar este día. A lo largo del año litúrgico, la Iglesia nos propone a algunos santos para que sean nuestros modelos e intercesores. Hoy conmemoramos a todos los santos. La Iglesia reconoce sus virtudes y méritos, alaba su entrega a Cristo y a la Iglesia y pide su intercesión y ayuda. Los santos son los vencedores provenientes de la gran tribulación y han vivido según el programa de las Bienaventuranzas anunciadas por Jesús. La celebración de las Vìsperas de difuntos después de las II Vísperas de Todos los Santos, donde sea costumbre para la piedad de los fieles, puede mantenerse, juntamente con otros ejercicios tradicionales. A los fieles que visiten devotamente el cementerio u oren sólo mentalmente por los difuntos se les concede la indulgencia, aplicable solamente a las almas del purgatorio, del 1 al 8 de noviembre plenaria cada día, parcial en los demás días del año. El día de la conmemoración de los fieles difuntos, o con el consentimiento del Ordinario del domingo precedente o el siguiente, o en la fiesta de Todos los Santos, en todas las Iglesias y oratorios se pueden lucrar indulgencia plenaria.El origen de esta fiesta parece remontarse a la decisión del Papa Bonifacio IV que el 13 de Mayo del 609 ó 610, consagró el Panteón de Agripa, al culto de la Virgen y los mártires, comenzando así una fiesta para conmemorar a esos santos anónimos, desconocidos por la mayoría de la cristiandad, pero que por su fe y obras, son dignos de reconocimiento y veneración por toda la humanidad. Es el Papa Gregorio III (731-741) el que cambia la fecha del 13 de mayo a la del 1º de noviembre.










