jueves, 27 de agosto de 2020

Formación

 Camino, verdad y vida

      En la noche del Jueves Santo, Jesús cena por última vez con sus discípulos. Instituye la Eucaristía, nos deja su cuerpo y su sangre para siempre, nos enseña el nuevo mandamiento del amor, les anuncia la llegada del Espíritu Santo y pronuncia una de sus frases más célebres: “Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14.6).

      Él es el camino, porque “nadie va al Padre, sino por mí". Él se hace camino, porque su propia encarnación tiene la misión de llevarnos a su Padre.

      Él es la verdad, porque existe antes de todos los tiempos y porque es “la luz del mundo” (Juan 8.12). Nosotros no creamos la realidad; habitamos una realidad creada por Él y sólo podemos entenderla a la luz de su palabra.

      Él es la vida, porque pone en las nuestras la semilla de una vida sin fin. Él trae la vida eterna,  la vida después de la muerte. Y porque es el primero en resucitar. Está vivo y reside junto al Padre.

      Pero, si Dios es camino al Padre y al Reino de los cielos, su vida y su muerte es el ejemplo a seguir. El ejemplo del amor. Vivió y murió por amor. Él es el único mediador para llegar a la Gloria y la quiere compartir siendo el sendero que hay que recorrer, un sendero de salvación con una única fuerza, la del amor sin límites…

      Y si es verdad, es también porque Él es amor, la única verdad que mueve el mundo.   Y como Él dice “la verdad os hará libres” (Juan 8.31). Por consiguiente, sólo seremos verdaderamente libres si nos despojamos de odio, rencores, envidias, desprecios y egoísmos… y nos vestimos con el ropaje de la entrega, el servicio, la generosidad, el respeto y sembramos amor…. Si sellamos la vida de amor.

      Y, por último, si el Señor es la vida y la vida eterna, Él nos enseña que la única manera de alcanzarla es con la medicina del amor.

      Por todo ello, podemos concluir,  como decía Dante: “Es el amor quien mueve el sol y las estrellas”. El amor de Dios. Lo mismo que todos sus mandamientos se resumen en uno, también la célebre frase de Jesús en el cenáculo se puede resumir en otra más corta y sencilla: Deus Charitas est. Dios es Amor.

Carlos Castro Arroyo
Mayordomo Segundo




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